El camino de la libertad, decíamos en la carta anterior, comienza con un sí a Dios. Un sí a Su Propuesta y un sí a Sus Promesas. Porque Dios nos tiene prometida la felicidad, la Santidad -que es la plenitud de ser nosotros en Jesús-, y por ende la Vida Eterna. Al igual que Moisés, partimos de lo que nos es conocido a lo que nos es desconocido. Partimos del Egipto que nos tenía cautivos y nos lanzamos al desierto. Como Moisés, no estamos solos, sino en comunidad. Porque, aunqu